martes, 13 de abril de 2010

Guido d'Arezzo



Guido d’Arezzo (990-1050) era un monje benedictino cuya preocupación era encontrar un método que le permitiera enseñar a sus alumnos música, y que además resultase más fácil. Los sonidos aún no tenían nombre así que empezó poniéndole nombre a los sonidos. ¿Cómo lo hizo? Había un himno a San Juan Bautista que sus alumnos solían cantar antes de los ensayos para que el santo los protegiera de la “fatal” afonía. Este himno tenía la peculiaridad de empezar cada verso en un sonido más agudo, de manera que el segundo verso empezaba a cantarse un sonido más alto o agudo que el anterior, el tercer verso un sonido más alto también, y así hasta siete sonidos. Entonces tomó la primera sílaba de cada uno de los versos para nombrar a las notas:

Ut queant laxis............ (con el tiempo “ut” se llamó “do”)
resonare fibris
mira gestorum
famuli tuorum
solve polluti
labii reatum
Sancte Johannis......... (para el “si” eligió las iniciales del nombre del santo)

            Traducción: Para que tus siervos puedan volver a cantar debidamente la maravilla de tus obras, limpia nuestros labios manchados por el pecado, ¡Oh, San Juan!







Desde entonces las notas se conocen por estos nombres: do, re, mi fa, sol, la y si. Pero sólo en las lenguas romances; en otras lenguas, con la intención de simplificar las denominaciones han adoptado las letras del alfabeto, adjudicando la A a la nota la, B a si...de la manera que sigue a continuación:
A   B   C   D   E   F    G
La  si  do  re  mi  fa  sol

También fue Guido quien inventó el pentagrama (al principio sólo era un tetragrama) y varios sistemas más, que hicieron posible poder empezar a escribir la música, almacenarla para  hacerla sonar. 

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